esto no es cuento, los que me gustanNovember 14, 2009 3:35 am

esto no es cuentoAugust 5, 2006 3:22 am

Ana soy yo. No voy a definir aún el significado de yo, yo es la palabra que utilizo para completar la ecuación, para darle un sinónimo a Ana. Pero Ana no es mi sinónimo, la que escribe ahora no es sólo Ana, soy Ana y otras partes, Ana en el primer instante de todas las mañanas y también cuando desnuda feliz bajo el sol, desnuda y cubierta de vello, el sol por supuesto radiante. Ana no existe porque Ana no es una separada. Ana es la manera que encontré para observar. Ana no es Ana, no otra en sí misma. Ana soy yo hace un año buscando los labios de Ana, oculta en una pared blanca de ladrillos; Ana quiero ser yo cuando yo soy Iliana, alienada y más intensa. Ana es mi semilla, la que escribe, Ana se viste de azul y de flores y rayas, Ana es la que escribe cuando yo escribo, Ana es un estado, esa forma de ser que dura un rato porque aún no me dejo completa a ella.
Y Ana, yo te digo, yo te cuento mis proyectos. Ana es Frankie despierta, ya sacudida en su caja del letargo, Ana es la pelusa que pica la garganta y yo escribo; vida más amplia en el mismo espacio: incomprensible. Hace un año escribí los primeros textos de mi vida; escribir, mi manera de estar. Entonces empecé esta página y la llené de todo lo que salía, textos fallidos la mayoría, intentos que podrían pulirse, pedazos de vida vivida afuera. Era la desesperación de salir de mí y ser afuera, Iliana que en realidad no sólo es Iliana sino Marcos y Valii y no quiere ser sólo observadora sino Ana. He quitado algunos textos de este blog, los mal escritos, los que me duelen demasiado, los que no llegan a ninguna parte porque no profundicé el corte. Hace dos meses que no escribo nada, ni en el diario ni aquí, sólo en la mente. Porque escribir y andar con mi mano hurgando mis vísceras me ha parecido demasiado doloroso, parecía que el dolor no me dejaría ver lo que he vivido, sí, todavía tengo la sombra de McCullers y la noción de que la escritura ha de ser fría y no tomar partido, para abarcar más, para mostrar más. Otra vez, vida aparentemente más rica y abundante en el mismo espacio: incomprensible.
Ya no postearé. Este blog empezó porque era mi forma de aceptar esta parte de mí, de darle una base y un espacio, de escuchar a Ana. Ana está aquí. Yo en Ana, y andamos las dos juntas y también las otras, a diario, ya he perdido la cuenta, me digo que somos cinco, parecen ocho, no sé. En Ana me muevo cuando escribo y ahora voy de otro modo, yo rebotando con Ana, en Ana, debajo y encima de ella, Ana te amo, Ana amarilla, blanca, negra y azul, Ana de tenis y camisa celestes usados a diario, Ana que experimentas con el formato de las obras de teatro en el cuento más cursi que has escrito, Ana mi vida, Ana que me miras y me tocas y me buscas y que vistes como hombre y de negro y quieres lucir punkera y después te pones minifalda azul y muestras tus senos en una fiesta, Ana lesbiana, Ana pequeña migrante mexicana y Ana albina, Ran, de ojos azules y vestidos y abrigos y medias de nylon negras, Ana mi amor, Ana te busco porque Ana eres yo, Ana soy yo que te busco y en el silencio de la oficina de Teresa te escucho y te encuentro en el centro de mi pecho y después te siento subir hasta mi garganta en mi cuello y canto o hago que canto oh Ana tengo el presentimiento que este sol de papel se romperá pronto y veremos la verdadera mañana oculta detrás
Ana no existe afuera sólo aquí adentro en mi cuarto interior para siempre y los pájaros negros observando el intento fallido de aceptarte es que Ana yo te amo pero no te acepto estoy llena de peros Ana Ana Ana yo vengo me vengo a ti sobre ti para ti Ana te veo de lejos sentada en la banqueta húmeda y te veo en el viejo solitario y en el chico vestido de blanco y en la colita de rizos sucios que nunca le vi a la Ana que me escribió un día con la esperanza de que yo fuera su propia Ana y después yo confundí contigo Ana mía y se lo dije y él acabó aclarando que no lo era no era ni Ana ni la mía ni la suya todavía
Ana furiosa
Yo escribo yo soy la que escribe si quieres escribir entonces me tocas a mí yo Ana yo el caos yo la ira y el desorden y la confusión y el sólo conseguir dormir en la tranquilidad del caos cuando reina y boto la lógica y me dejo quieta mendicante en la banqueta bajo el sol Ana tranquila no te conozco un rato te calmaste ese día cuando te oí y me disculpé perdóname Ana pobrecita reprimida en la cárcel en donde la niña de la masa encefálica a medio podrirse fuera del cráneo estuvo encerrada antes Ana mi vida te quiero me gustas quiero ser tú un día muy pronto seremos las dos o las cinco o las ocho juntas a todo momento y la otra voz que no es Ana saldrá menos a menudo quiero ser sólo Ana por un rato ser Ana de pie en medio de la calle Ana sin furia Ana te digo te escribo para ti por ti contigo
en Ana yo estoy quiero estar para siempre amarilla con Ana en Ana temprano semilla envueltas las dos en un beso conmigo en mi
cuarto
interior
para siempre

(Ana: tampoco hay nosotros sin mí)

esto no es cuento, los que me gustanSeptember 21, 2005 3:17 am

Hoy falté a todas las clases. Al fin y al cabo, no vine aquí a estudiar, sino a .
He terminado un texto pendiente. El mundo cada vez me parece más redondo, más viscoso. No un sólo mundo, las burbujas de cada esfera brillan verdosas entre mis manos y chorrean, se resbala el material, líquido derramado en mi cerebro y yo canto, o hago que canto. Nunca mis historias están terminadas. Es verdad que después de un cierto tiempo se me olvida que las escribí y entonces ya no soy la persona apropiada para corregirlas, y se quedan así, muñecas a medio rellenar en mi casa de escombros sin luces donde, hace un tiempo ya, nunca es de noche. Muñecas, juguetes, palabras que ya no son yo. Que en primer lugar nunca fueron yo, ni siquiera un pedazo, solo una foto tomada desde cierta distancia. La imagen la capturo desde el interior. Para definirla, me convierto en una neblina transparente que se apropia de los cuerpos inventados que viven en las fotos que tomo, y que cuento en forma de historias. Mis ojos son los de ellos, y cuento con su propia voz y su propio conocimiento. Yo soy ellos cuando los cuento. No Maccullers. Ella se queda a la mitad, observando, sin embeberse en la burbuja verde viscosa que rodea a cada muñeca. Ella no se embadurna, aunque procura que los ojos de quien lee se humedezcan con la mucosa vital de los seres que lee. Pero Carson ya esta muerta y yo no soy ella. Ni Anais. Mi Anais esta viva pero me rompió el corazón. Ella está lejos, vive en las honduras a las que yo tanto les temo, vive en soledad y sale a veces, tristísima, y se mezcla con los otros y hace que la amen, pero nunca se queda. El fondo del abismo es su lugar preferido, y yo la entiendo. La envidio. Por supuesto no se llama Anais. Por supuesto es una mujer de carne y hueso que amo profundamente pero que nunca estará conmigo. Porque nació mucho antes, porque es más sabia y más bella y más triste. Pero es su soledad lo que yo amo, y eso es algo que yo aún conservo en mí pero que aún no aprendo a manejar. Así, la soledad es eso que me acerca a Anais y sus ojos verdes distantes, que viven en la oscuridad y la luz de sus textos. Lejana. La llamo Anais porque el nombre me recuerda a la otra, a la de Miller, y a veces, leyendo los diarios de esa otra, he encontrado mis propios temas.”Anais”, el nombre, es entonces un nexo que yo he inventado para acercar a la Anais de carne y hueso a mí misma un poco más. Que no se llama Anais, no no no, pero que yo la llamo Anais porque es sencillamente muy vergonzoso amar a alguien que nunca volteara la mirada para reconocerle a uno. Anais. Y aún aquí hay un poco de vergüenza en el aire. Flotando. Amor sublimado. Que no es amor. Solo la certeza de querer alcanzarla allí donde ella vive, descalza. De conocer la burbuja de sus ojos. La que ven sus ojos. De crear la mía propia. Y la pena. El dolor de saberme cada vez más lejos, estoy en busca del fondo de un abismo nuevo, mi vida en la que me he empecinado en llegar hasta el fondo de innumerables agujeros. Hasta el fondo. Hurgar y sacar la tierra y trabajar con mi pala cabeza de muñeca hasta llegar al núcleo, al centro que arde, y comprobar que la burbuja ha sido en realidad solo el vestido de un mundo real, palpable. Estoy cavando un nuevo nicho. Profundo. Solo el recuerdo de Anais me sostiene en este esfuerzo, Anais Monstruo y Carson Frankie Mick y mi alma magullada pero viva. Mis dolores son menos pero mi curiosidad es más grande. Nada me duele, pero haber empezado a escarbar en esta nueva tierra, suavecita, pantanosa, es una especie de premonición de otro hueco en el que me voy a enterrar por algún tiempo. La superficie me es accesoria. Me gusta a veces, para tomar fuerzas. Cuando estoy allí afuera busco compañía, alguien que me acompañe en el viaje. Aun no lo encuentro. Cuando estoy afuera, buscar el alma de la gente. Ahora he vuelto aquí adentro. Sigo escarbando, el sol nunca se pone. Sigo escarbando y a veces, después de leer a Anais, siento que este también fue su camino, reconozco los senderos en sus páginas, me leo a mí misma en sus textos y entonces me doy cuenta de que quizá ella es el mapa y por eso no la olvido. Marca profunda.


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