Que estamos perdidas, Anla, que se me va acabando el aliento primero y que al levantarme, a veces, me olvido de ti. Que nos hemos perdido, Anla, y que es tan cierto que para vivir necesito verte haciendo el amor conmigo y darte dos besos en la espalda, mientras dejo que el dolor que no entiendo me produzca calambres en las piernas y me paralice. Nuestra cama es angosta, fresca, el balcón tiene vista a la copa de un árbol que acoge a tres pájaros negros. Que cuando te beso, Anla, me doy permiso de sentir mi dolor y el tuyo, que el gusto de esta saliva acedada pone mis pies en la tierra y me enfrenta a un sabor desconocido en mí. Mira esto, Anla, ahora no soy capaz de escribir otra cosa que streams of conciousness, he perdido las metáforas. No sé escribir, Anla. Solo sé sentir tu respiración a través del pelo de mis senos, sólo puedo imaginar que las dos nos queremos en un espacio donde tú estas en paz con mi amor y yo con el tuyo, donde yo puedo amarte a ti y a todos los hombres del mundo debajo del puente donde al fin murió Telma. Que ella era todo lo que yo quería; que la perdí, que está presente sólo como un cuadro encima de mi cama, el del dibujo del pájaro que quiere tragarse la mariposa de mi ojo derecho. Que se me va acabando el aliento, Anla, que para saber si soy virgen Ella, esa chica, me pregunta si actuar se siente como un orgasmo, que Ella me dice que tengo lindos-ojos-y-aretes, y que por eso a Ella quise darle un beso y dos. Ella estrambótica. ¿Mujer? Casi la hemos perdido, Anla, se me va acabando el aliento. Los pájaros miran, tengo vergüenza. Primero te abrazo y luego tú me acaricias los párpados. Primero te beso en mi cuarto. Primero abrazarte. En mi cama, Anla, en mi cama estás tú, omnipresente en mi cuarto interior. Los pájaros te observan, sólo ellos.
Cuando Ella, la chica ¿mujer?, abra esta puerta, quisiera que nos encontrara a ti y a mi acariciándonos sobre mi mesa de fibra de vidrio. Cuando Ella abra la puerta se me acabará el aliento. Besar la almohada. Gritar al revés intentando un silencio que lastima la garganta, contigo en mi cuarto interior para siempre. Cuando Ella abra la puerta me encontrará perdida en un beso. Y afuera, revoloteando, unas cuantas plumas negras.