Frankie camina sobre el puente. Una fila de niños en patineta la escolta en su trayecto. No se conocen; Frankie avanza pero el chirrido la desconcentra. Frankie se eriza, las ruedas sobre el pavimento la perturban, cada átomo de cemento desprendiéndose de la plancha sobre la cual camina le hace temer por su vida. El puente que le lleva al otro lado podría estar en peligro. Podría fracturarse, espalda de espina muy frágil que Frankie besa con sus pies y –ahora que uno de los chicos en patineta la impacta- con sus labios.