Llegará el día en que Carson duerma con Reeves y su trompeta. Será el día que ella golpee a Katy y la deje muerta.
Katy Faroles se llama su muñeca verde, casi podrida. A Katy la sentaron junto al piano, entre las cortinas, para que se enfriara y muriera, tiesa. Carson la encontró y cerró la ventana, y el agua de lluvia y el viento sin música se quedaron afuera.
-Vamos- le dijo a Katy. Aún me falta una muñeca duquesa
Katy obediente abrazó a Carson y se resbaló hasta su pierna.
-Carson- le dijo Katy-, estoy hambrienta.
Carson buscó frijoles, buscó tomates, buscó unas peras. Pero no encontró nada para saciar a la nueva duquesa. Katy se aguantó el hambre y apretó a Carson y volvió su piel negra.
-Carson- dijo de nuevo Katy-, de ti nunca me iré. Ni muerta.
A Carson no le quedaron ganas de presentarle a sus otras muñecas. En adelante engañó a Katy y le hizo creer que sí era duquesa. Y vistió faldas más cortas para que Katy no tuviera de donde aferrarse las veces en que ella se sentaba a la orilla del río a mirar los patos. Y a remojarse las piernas.

